Como un disco rayado, el sonido de una alarma, los gritos, risas y secretos en la calle. Todo se repite.
Me siento encerrada en un ciclo sin salida, obligada a hacer siempre lo mismo, sin posibilidad de avance.
Tú me miras, yo hace tiempo que te observo a escondidas, pero finjo haberte visto hace dos segundos.
Te sonrio, nunca saludo, me da miedo no acertar con las palabras. ¿Qué debo hacer? Quizá un "hola" sea muy soso y un "¿qué tal?" suene muy desesperado. Por eso, sonrio. Y tú también lo haces.
Poco a poco conseguiste que, aún sin conocerte, me hiciese más ilusión que el día anterior verte.
Y aquí estoy, mirándote desde hace cinco minutos, fingiendo que acabo de verte, sonriéndote y deseando que seas tú el que rompa este silencio.
Y, de nuevo, me prometo que esto será lo último que te escribo, como cada día hago.
domingo, 6 de mayo de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
Hoy es uno de esos días pesimistas que, de vez en cuando, me dan.
Pero, me he dado cuenta de que si he llorado, es porque mañana no voy a poder parar de reírme.
Si hoy estoy enfadada con el mundo, mañana tendré la extraña necesidad de dar mil abrazos a los que me rodean.
Si hoy sólo tengo ganas de quedarme en la cama, es porque mañana el Sol va a hacerme deslumbrar.
Si las nubes me impiden ver las estrellas, es que voy a ver una estrella fugaz a la que pedir un deseo.
Si no he comido nada, mañana van a regalarme una bandeja llena de pasteles.
Si hoy no te he visto, quiere decir que mañana vas a darme un millón de besos.
Pensar en esto, me hace sonreír, mi día pesimista, ya se ha esfumado porque nada, absolutamente nada, es blanco o negro, siempre hay un pequeño detalle de color rosa en medio.
Pero, me he dado cuenta de que si he llorado, es porque mañana no voy a poder parar de reírme.
Si hoy estoy enfadada con el mundo, mañana tendré la extraña necesidad de dar mil abrazos a los que me rodean.
Si hoy sólo tengo ganas de quedarme en la cama, es porque mañana el Sol va a hacerme deslumbrar.
Si las nubes me impiden ver las estrellas, es que voy a ver una estrella fugaz a la que pedir un deseo.
Si no he comido nada, mañana van a regalarme una bandeja llena de pasteles.
Si hoy no te he visto, quiere decir que mañana vas a darme un millón de besos.
Pensar en esto, me hace sonreír, mi día pesimista, ya se ha esfumado porque nada, absolutamente nada, es blanco o negro, siempre hay un pequeño detalle de color rosa en medio.
viernes, 13 de abril de 2012
Obstáculos.
¿Cómo es posible? Sentir rabia por alguien a quien apenas conoces. No es esa rabia de odiar a alguien. Sientes rabia hacia los demás, porque pueden estar con esa persona y tú no.
Pero no es culpa suya, ¿verdad? ¿Y tuya?
No es como si estuvieses obsesionada o algo así. No. Puedes vivir sabiendo que esa persona no está contigo, que está en otro lado. Pero cuando sabes lo que hace, y que lo hace sin ti, cambia tu forma de ver las cosas.
No te importa el hecho de que él esté con sus amigos, sino que sus amigos estén con él. Que pueden disfrutar de él y tú no. Que no se dan cuenta de lo que vale. O igual sí y por eso son sus amigos.
Hay veces que hasta te cabreas con la vida, por haberle puesto en tu camino.
Es como estar atrapada en una isla, sólo hay un puente de salida y está bloqueado por una roca. Tú quieres salir y buscas desesperadamente una vía de escape que no esté cerrada pero no hay ninguna. Ves el puente. Ves la roca. Ves que no hay otro camino. Giras la cabeza, sigues buscando otra forma de salir de la isla. Sabes que no vas a encontrar ninguna, pero lo intentas.
Así es como funciona. Te empeñas en darte la vuelta y decirte a ti misma que no te importa. Miras hacia otro lado. Pero sabes que, en algún momento, tendrás que cruzar ese puente, atravesar el obstáculo. “Algún día” piensas.
Y cada vez que le ves, te engañas pensando lo mismo. Y cada vez, buscas otra forma de salir de la isla a sabiendas de que no hay ninguna más. Y otra vez, giras la cabeza.
Pero no es culpa suya, ¿verdad? ¿Y tuya?
No es como si estuvieses obsesionada o algo así. No. Puedes vivir sabiendo que esa persona no está contigo, que está en otro lado. Pero cuando sabes lo que hace, y que lo hace sin ti, cambia tu forma de ver las cosas.
No te importa el hecho de que él esté con sus amigos, sino que sus amigos estén con él. Que pueden disfrutar de él y tú no. Que no se dan cuenta de lo que vale. O igual sí y por eso son sus amigos.
Hay veces que hasta te cabreas con la vida, por haberle puesto en tu camino.
Es como estar atrapada en una isla, sólo hay un puente de salida y está bloqueado por una roca. Tú quieres salir y buscas desesperadamente una vía de escape que no esté cerrada pero no hay ninguna. Ves el puente. Ves la roca. Ves que no hay otro camino. Giras la cabeza, sigues buscando otra forma de salir de la isla. Sabes que no vas a encontrar ninguna, pero lo intentas.
Así es como funciona. Te empeñas en darte la vuelta y decirte a ti misma que no te importa. Miras hacia otro lado. Pero sabes que, en algún momento, tendrás que cruzar ese puente, atravesar el obstáculo. “Algún día” piensas.
Y cada vez que le ves, te engañas pensando lo mismo. Y cada vez, buscas otra forma de salir de la isla a sabiendas de que no hay ninguna más. Y otra vez, giras la cabeza.
domingo, 25 de marzo de 2012
Little things make the diference...
Cuando era pequeña, aprendí a sumar y restar, a conjugar verbos y hablar bien, a la velocidad a la que tiene que ir un cuerpo para alcanzar a otro, cómo es el ser humano o las reacciones que se dan en el.
Al principio, todos esos conocimientos me parecían inútiles, creía que en la vida, jamás, los iba a necesitar.
Ahora me doy cuenta de lo importante que es saber esas cosas.
Sé como sumar uno y uno, también como restar dos menos uno.
Hablo perfectamente y sé cuando utilizar el "nosotros" o, si lo necesito, sólo el "yo".
Comprendo, al fin, que iba demasiado rápido y que el golpe iba a ser duro.
Ya conozco los puntos débiles de mí misma y que, si alguna vez me gustaste, no fuiste tú, sino que era a causa de la química.
Pero no todo lo aprendí en el colegio: no me enseñaron el daño que te pueden causar esos conocimientos.
No me gusta saber que "nosotros" menos "tú" es igual a "yo", que "tú" más "otra" es igual a "vosotros".
Y, a veces, pongo en duda lo que me enseñaron cuando me opongo a pensar que fue la química lo que nos unió y no el destino.
Al principio, todos esos conocimientos me parecían inútiles, creía que en la vida, jamás, los iba a necesitar.
Ahora me doy cuenta de lo importante que es saber esas cosas.
Sé como sumar uno y uno, también como restar dos menos uno.
Hablo perfectamente y sé cuando utilizar el "nosotros" o, si lo necesito, sólo el "yo".
Comprendo, al fin, que iba demasiado rápido y que el golpe iba a ser duro.
Ya conozco los puntos débiles de mí misma y que, si alguna vez me gustaste, no fuiste tú, sino que era a causa de la química.
Pero no todo lo aprendí en el colegio: no me enseñaron el daño que te pueden causar esos conocimientos.
No me gusta saber que "nosotros" menos "tú" es igual a "yo", que "tú" más "otra" es igual a "vosotros".
Y, a veces, pongo en duda lo que me enseñaron cuando me opongo a pensar que fue la química lo que nos unió y no el destino.
jueves, 15 de marzo de 2012
Sueña...
Prométeme un millón de estrellas y que no me dejarás.
Dime que hay un mundo arriba, en las nubes, y que será nuestro próximo destino de vacaciones.
Enséñame el camino de baldosas azules y blancas que llevan a un lugar que nadie más conozca.
Estate conmigo cuando no sea capaz de reirme por cualquier cosa, cuando no quiera hablar ni escuchar música.
Cuéntame otra vez los planes que tienes para nosotros, quiero que vuelva a sonar en mi cabeza esa melodía que me recuerdas cuando te lo pido...
Dime que hay un mundo arriba, en las nubes, y que será nuestro próximo destino de vacaciones.
Enséñame el camino de baldosas azules y blancas que llevan a un lugar que nadie más conozca.
Estate conmigo cuando no sea capaz de reirme por cualquier cosa, cuando no quiera hablar ni escuchar música.
Cuéntame otra vez los planes que tienes para nosotros, quiero que vuelva a sonar en mi cabeza esa melodía que me recuerdas cuando te lo pido...
domingo, 4 de marzo de 2012
La noche más bonita de todo el año, el lugar más bonito de toda la Tierra y tú. Todo era perfecto.
Sentados en la hierba, frente a un estanque, escuchábamos el sonido de un grillo y, de vez en cuando, un búho que me ponía los pelos de punta. Pero, tus abrazos, me hacían sentir que podía comerme el mundo.
Una brisa leve, de vez en cuando, me alborotaba el pelo pero tú, con suma delicadeza, volvías a colocar cada pelo en su sitio.
La melodía más bonita -tu voz- amenizaba la noche y las horas, se me pasaban demasiado rápido a tu lado.
Miramos al cielo, la luna, llena y más bonita que nunca, luciendo su mejor traje de gala, nos observaba. De repente, gritaste mi nombre. Señalaste al cielo. Una estrella fugaz lo cruzaba.
-Pide un deseo.-me dijiste.
Cerré los ojos, apreté tu mano. Volví a abrirlos, la estrella ya había desaparecido y tú tenías tus ojos fijos en mí. Me preguntaste qué había pedido. No podía decírtelo, los deseos que se piden, si los dices, no se cumplen.
-Pues yo,-añadiste.- he pedido algo, pero no sé para que si ya lo tengo. Mi deseo, eres tú.
Sentados en la hierba, frente a un estanque, escuchábamos el sonido de un grillo y, de vez en cuando, un búho que me ponía los pelos de punta. Pero, tus abrazos, me hacían sentir que podía comerme el mundo.
Una brisa leve, de vez en cuando, me alborotaba el pelo pero tú, con suma delicadeza, volvías a colocar cada pelo en su sitio.
La melodía más bonita -tu voz- amenizaba la noche y las horas, se me pasaban demasiado rápido a tu lado.
Miramos al cielo, la luna, llena y más bonita que nunca, luciendo su mejor traje de gala, nos observaba. De repente, gritaste mi nombre. Señalaste al cielo. Una estrella fugaz lo cruzaba.
-Pide un deseo.-me dijiste.
Cerré los ojos, apreté tu mano. Volví a abrirlos, la estrella ya había desaparecido y tú tenías tus ojos fijos en mí. Me preguntaste qué había pedido. No podía decírtelo, los deseos que se piden, si los dices, no se cumplen.
-Pues yo,-añadiste.- he pedido algo, pero no sé para que si ya lo tengo. Mi deseo, eres tú.
domingo, 19 de febrero de 2012
Una ráfaga de viento meneó las flores y el aire, adquirió un olor embriagador. Cerré los ojos y respiré hondo. Me dejé caer, despacito, al suelo. La hierba me hizo cosquillas en el cuello. Sonreí. La acaricié con mis manos y me quedé tumbada ahí un rato.
Abrí los ojos cuando noté que algo trepaba por mi mano. Un par de hormiguitas, correteaban sobre mi mano. Parecía como si estuvieran jugando al pilla-pilla. Con cuidado para no hacerlas daño, las aparté. Me senté en la hierba y miré a mi alrededor. A mi lado, había una flor preciosa y, una abeja la sobrevoló hasta que se posó en ella. Miré hacia el otro lado. Una mariquita se escondía entre la hierba. Puse mi dedo y subió en él. La observé durante un rato y, después, alcé mi dedo meñique para que volara. Volví a tumbarme en la hierba. Un par de pajarillos, iban hacia un árbol que estaba a unos pocos metros. Dirigí mi mirada al cielo. En un primer momento, los rayos de Sol, cegaron, pero luego, jugué a pensar qué podían ser las nubes por las formas tan bonitas que hacían. Un castillo encantado, una rosa roja, un conejito y hasta un elefante.
Volví a cerrar los ojos. Me encantaba. Esto, sólo tenía un nombre: Privamera.
Abrí los ojos cuando noté que algo trepaba por mi mano. Un par de hormiguitas, correteaban sobre mi mano. Parecía como si estuvieran jugando al pilla-pilla. Con cuidado para no hacerlas daño, las aparté. Me senté en la hierba y miré a mi alrededor. A mi lado, había una flor preciosa y, una abeja la sobrevoló hasta que se posó en ella. Miré hacia el otro lado. Una mariquita se escondía entre la hierba. Puse mi dedo y subió en él. La observé durante un rato y, después, alcé mi dedo meñique para que volara. Volví a tumbarme en la hierba. Un par de pajarillos, iban hacia un árbol que estaba a unos pocos metros. Dirigí mi mirada al cielo. En un primer momento, los rayos de Sol, cegaron, pero luego, jugué a pensar qué podían ser las nubes por las formas tan bonitas que hacían. Un castillo encantado, una rosa roja, un conejito y hasta un elefante.
Volví a cerrar los ojos. Me encantaba. Esto, sólo tenía un nombre: Privamera.
viernes, 17 de febrero de 2012
¿Un cuento de hadas?
Érase una vez -comienzas, siempre igual- la más bella de las princesas. Y, no, no... no es ni Blancanieves, ni Cenicienta, ni la mismísima Bella Durmiente. Eres tú.Tú eres mi princesa. -yo, sin poder evitarlo, sonrío como una tonta.- Todos, absolutamente todos los hombres de la comarca, tenían ojos para ella. Y, no era para menos. Las dos trenzas que a veces le colgaban por encima de los hombros, las sonrisas inocentes, esos ojos verdes y sus perfectas formas, eran dignas de eso y mucho más. -me acaricias la mejilla derecha con el exterior de tu mano.- A pesar de poder tener a cualquier hombre, ella solamente quería a uno. Más que un hombre, era la Bestia. -dices señalándote y asinitendo con la cabeza.- Pero ella, cada mañana se levantaba pensando en ver a la Bestia, que la colmaba siempre de halagos y, de vez en cuando alguna que otra rosa y una caja de deliciosos bombones. La Bestia, terco como una mula, pensaba que la bella princesa no correspondía su amor. Y, cada día, se miraba en el espejo, sintiéndose desdichado.
Hasta que un día, un Hada Madrina se le apareció. No callaba, hablaba y hablaba sin parar sobre algo de una calabaza, una carroza... mientras la Bestia pensaba en el deseo que iba a pedirle. Cuando por fin, el Hada Madrina dejó de contar sus batallitas, sus azañas, la Bestia se entusiasmó. "Hada Madrina, le dijo, después de todas esas cosas que ha hecho, podría concederme a mí un deseo. Quiero gustarle a la bella princesa. Con un toque de su varita, podría hacerme más..." El Hada Madrina, no dejó terminar a la Bestia de hablar. Le dió un toque con su varita, sí, pero... no vayas a pensar que fue un toque mágico para conceder su deseo. Fue un golpe en la cabeza que le dolió bastante. -dices frotándote la coronilla.- "A ver..., le dijo ella, ¿de verdad crees que esto es una varita? ¡Solamente es una pajita pintada de negro! Yo no concedo deseos. ¿Lo de la carroza de Cenicienta? Simplemente fue hablar con un buen amigo que fabrica carrozas. Tuve que decir que sí, que estaba hecha con una calabaza por su color medio anaranjado. ¡No sabes lo terca que es Ceni! ¿Los cien años durmiendo de la Bella Durmiente? No fueron cien años, no pasó de una noche. Yo, lo único que hice, fue vendarle el dedo. ¿La transformación de Pinocho en un niño de verdad? Pinocho se obsesionó con que una bruja mala le había hecho eso, pero era tan real como tú y yo. ¡Lo único que puedo hacer contigo, es darte otro golpe en esa cabeza de ajo! La bella princesa está enamorada perdidamente de ti. ¿Cómo, sino, iba a aceptar tus regalos con tanto gusto, iba a dedicarte esas sonrisas tan bonitas y a decirte que te extraña? Corre si no quieres que vuelva a darte, corre."
La Bestia, corrió cuanto más pudo hasta llegar al castillo de la princesa.

Ella estaba en su ventana, su largo cabello, casi llegaba a tocar el suelo. La Bestia acarició las puntas del pelo de su princesa durante un rato. Cuando se dio cuenta de que estaba perdiendo tiempo, corrió a las largas escaleras de caracol que llevaban hasta la princesa y... ¿sabes qué pasó? -Yo niego con la cabeza. Tú me besas y añades: FIN.
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